
Se cumple un mes del terremoto más fuerte del siglo en Colombia: tragedia que deja 331 personas fallecidas
Este 10 de septiembre se cumple un mes del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto, con epicentro en el municipio de San José del Palmar, Chocó. El sismo, ocurrido a las 7:34 de la mañana y con una profundidad aproximada de 103 kilómetros, afectó principalmente a Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Caldas, dejando una de las emergencias naturales más graves registradas en el país durante las últimas décadas.
Un balance actualizado divulgado este jueves señala que la emergencia dejó 331 personas fallecidas y 111 desaparecidos, más de 4.500 heridas, mientras cientos de miles de personas resultaron afectadas por daños en viviendas, infraestructura y servicios esenciales. La evaluación realizada por el PNUD y la UNGRD estableció, con corte al 27 de agosto, más de 406.000 personas afectadas, cerca de 193.000 familias y más de 225.000 estructuras con algún tipo de afectación.
Las consecuencias también se reflejan en la magnitud de los daños materiales. La evaluación RAPIDA estima pérdidas directas en estructuras por 42,1 billones de pesos, además de unos 16,9 millones de metros cúbicos de escombros. La cifra supera las primeras estimaciones entregadas por el Gobierno nacional, que inicialmente calculó en más de $30 billones los recursos necesarios para la reconstrucción de edificaciones e infraestructura en las regiones afectadas.
A un mes de la tragedia, la emergencia ha entrado en una nueva etapa: la atención ya no está concentrada únicamente en las labores de rescate y asistencia inmediata, sino en la recuperación de las comunidades y la reconstrucción de viviendas, hospitales, instituciones educativas, vías y demás infraestructura afectada. Organizaciones que han acompañado a las comunidades advierten que en varias zonas rurales persisten dificultades para acceder a servicios básicos, atención en salud e insumos, mientras las necesidades habitacionales continúan siendo una de las principales preocupaciones.
La respuesta humanitaria también ha movilizado recursos desde diferentes sectores. El Banco de Alimentos de Bogotá, por ejemplo, reportó el envío de 1.300 toneladas de ayuda humanitaria a 45 comunidades de cinco departamentos, con alimentos, agua, elementos de aseo, colchonetas, kits escolares y otros suministros destinados a las familias damnificadas.
Uno de los principales retos ahora es convertir las ayudas de emergencia en un proceso de reconstrucción sostenible. El Gobierno nacional ha planteado inversiones superiores a los $30 billones, mientras evaluaciones posteriores han elevado la estimación de los daños a $42,1 billones. Esto supone un desafío financiero considerable para el Estado, especialmente en un escenario de restricciones fiscales y frente a la necesidad de garantizar que los recursos lleguen a las comunidades que continúan afectadas.
Un mes después del terremoto, las cifras evidencian que sus efectos van mucho más allá de las pérdidas ocasionadas durante los primeros minutos del movimiento telúrico. Para miles de familias, el desafío continúa en la recuperación de sus hogares, sus medios de vida y los servicios esenciales, mientras las autoridades avanzan en la evaluación de los daños y en la definición de las obras que deberán marcar el proceso de reconstrucción del occidente y centro del país.



