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El Peñol exporta su tomate a Francia

Antes de que la luz se filtre por las ventanas, Wilson Marín ya tiene puestas sus botas pantaneras para comenzar el día con unos cuantos tragos de aguapanela, azadón y pala. Por la carretera que atraviesa su finca, aparecen de vez en cuando, pequeñas nubes de hollín que deja el aceite quemado de algunas motos y carros. En sus retrovisores se observan los cultivos de tomate que rodean el camino y se hacen cada vez más pequeños hasta desaparecer por completo del espejo empolvado. Es la misma escena todos lo días, sin embargo, hoy sería un día especial: recibirá la visita de Simon Marie Joseph de Reynal de Saint Michel.

Desde que tenía 12 años Marín ha trabajado con esmero la tierra. Su familia siempre ha vivido de la agricultura. Con el sudor de su frente y la fuerza de sus manos, ha cultivado en su finca, ubicada en la vereda La Culebra del municipio de El Peñol, además de tomates, otros productos como fríjol, papa, pimentón, arveja y gulupa, “nosotros afortunadamente contamos con un clima y una tierrita que nos permite producir diferentes frutas y hortalizas de muy buena calidad”, afirma Wilson.

Y aunque nunca se imaginó que algún día el fruto de su trabajo y esfuerzo sería admirado y degustado por los extranjeros, estaba a pocas horas de conocer personalmente al francés que había mostrado interés en los procesos asociativos de los campesinos que hacen parte del proyecto de fortalecimiento de sistemas productivos agropecuarios sostenibles: +Campo +Sostenible, una iniciativa que es posible gracias al apoyo de EPM, Isagen y los municipios asociados de la Zona Embalses del Oriente Antioqueño.

Según su coordinador general, Fabio Luis Jaramillo Vallejo, “con este proyecto se busca mejorar la rentabilidad económica de los productores y al mismo tiempo aportarle a la sostenibilidad ambiental y la paz de los territorios. Por esto, fomentamos y apoyamos la comercialización y el encadenamiento asociativo mediante el fortalecimiento de organizaciones comunitarias como la de Agrofénix en El Peñol”.

Al igual que Wilson, otros 19 productores de tomate de este municipio, hacen parte activa de la asociación. Algunos de ellos están esperando al extranjero en sus fincas para enseñarle sus cultivos. Para Marín, “esto fue muy chistoso porque uno siempre ha oído hablar a los turistas en otro idioma, pero nunca había tenido la oportunidad de hablar con uno de frente”, expresa entre risas y, agrega que, “afortunadamente le gustó mucho mi cultivo, mis tomates y la forma en que cuido de ellos”.

Y así lo confirma Simon Marie Joseph de Reynal de Saint Michel, “estoy muy contento con los cultivos que visité. Ustedes tienen lo que se llama un tomate de altura puesto que están ubicados a 1800 metros sobre el nivel del mar, lo que hace que esta fruta tenga mayor concentración de sodio y mucho más sabor del que actualmente importamos de República Dominicana, donde tienen una altura máxima de 600. Eso hace que ustedes tengan un tomate más gustoso”.

Y por esto, él decidió constituir legalmente la empresa Flogamyco S.A.S ubicada en el municipio de Rionegro, con el fin de llevar este producto a su país de origen. Ahora es un hecho: el tomate de El Peñol llegaría a Martinica, Francia.

El proceso de exportación

El verde y el rojo del tomate sobresale entre el follaje de las más de 50 mil plantas tomateras que hay en los invernaderos de Wilson. El aire puro se mezcla con el aroma fresco que desprende esta fruta. Nada cercano al fuerte olor del uso excesivo de agroquímicos. Esto se debe a que “estamos haciendo una transición de un sistema de producción convencional, donde se utilizan altas dosis de agrotóxicos, a un sistema de producción más limpia en la que se hace un uso racional de agroquímicos y reducimos la categoría toxicológica”, explica Fabio Jaramillo.

Es por esto que para entender todo este proceso y los requerimientos que se deben cumplir al momento de exportar su producto, que los 20 agricultores se reúnen periódicamente para revisar, discutir, proponer e implementar estrategias que les permiten ajustar tanto el modelo de comercialización como el de producción.

Para Wilson, es importante hacer este esfuerzo y luchar por esto, “porque ahora nos pagan a $2.500 el kilo cuando antes, en el convenio que teníamos con la mayorista, el tomate de la finca lo vendíamos a $500 o $1.300, dependiendo de la temporada. Entonces uno ve que sí hay oportunidades y que sí se pueden tener mejores ingresos para tener una mejor calidad de vida”.

Desde abril de 2019, los tomates sembrados por las manos trabajadoras de los campesinos peñolenses inician todos los jueves un viaje en barco que dura cinco días saliendo del puerto de Urabá, en Antioquia, hasta Martinica, en Francia. Son 10 toneladas las que semanalmente llegan a esta isla y, sin embargo, la meta es llenar el contenedor con 20 en cada embarque. Hasta el momento se han exportado 22.7 toneladas de este producto.

Así que, “para atender este mercado, queremos darle la oportunidad a los productores de otras asociaciones de la zona Páramo o Altiplano que quieran unirse a esta iniciativa y cumplan con los criterios para exportar”, afirma el Coordinador de +Campo +Sostenible.

Hace un tiempo que Wilson se dedicó únicamente a cultivar la planta tomatera en las cerca de siete hectáreas de su finca. El sol se oculta. Ahora sus tomates estarán servidos en un sabroso plato en la isla de Martinica. El cansancio de una ardua jornada se apodera de su cuerpo y su mirada, pero como dice él entre suspiros: “Gracias a Dios ya estamos en esas”.

Por: www.ccoa.org.co

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