
Religión y sitios de diversión, enfrentados por la pandemia.
Mi punto de vista sobre estos dos estilos de vida en medio de la cuarentena.
Por: Hamilton Gómez Galvis, periodista.
El 14 de marzo sería el primer registro de Covid-19 en la región del oriente de Antioquia. Rionegro, la ciudad más grande de esta zona albergó un primer caso de contagio, acción que generó de inmediato la toma de medidas de restricción de circulación de personas y toque de queda en los municipios vecinos.
Desde el 17 de marzo en el Oriente Antioqueño, se cerraron las iglesias de distintos credos: noticia que generó oleada de reacciones entre desacuerdos, críticas, alegría e incluso burla de parte de los más acérrimos no creyentes.
Desde aquel momento inició una maratón de las comunidades religiosas de no perder contacto con los feligreses, y es que, por medio de facebook y otras plataformas digitales de streaming se las ingeniaron para llegar a aquellas personas que con frecuencia los visitaban.
Necesidades corporales – vitales:
Los supermercados y tiendas, catalogadas por la OMS como sitios de alto riesgo de contagio del Covid-19 operaron normalmente, debido a que los alimentos y productos de aseo, son de uso esencial de los seres humanos, y por esta razón, debían prestar el servicio. Pero, es de anotar que para nadie es un secreto que los protocolos de bioseguridad mínimos que se deben cumplir, no todos lo cumplen, e incluso se forman aglomeraciones en los momentos de compra y pago de productos a llevar; también teniendo en cuenta que son muy pocos los que optan por mercar a domicilio, porque en algunos casos, es mejor ir haciendo la cuenta del gasto-presupuesto.
Pero hablemos de medidas y realidad de los contagios del virus en Marinilla:
El 21 de mayo se registra el primer caso de Covid-19, mayo 22 el segundo y mayo 24 el tercero y mayo 28 el cuarto.
El 7 de mayo se anunció quienes podía reactivar actividades oficialmente desde el día 11 del mismo mes y también comienza el debate de quienes deben o no abrir los establecimientos que se encuentran en distintos puntos de la ciudad. Entra la polémica porque no abren bares, cafés, iglesias, discotecas, entre otros.
Pienso que, las llamadas ‘necesidades espirituales’ de una persona, nadie más que alguien en propiedad, podría medirlas, juzgarlas, señalarlas o sentirlas. La fé es considerada por el apóstol Pablo como » la convicción de lo que no se ve”y por esta misma razón para quien no la vive o la siente al modo de muchos otros, es de fácil objeto de señalamiento.
¿A qué vamos con la fe?
La apertura de los templos, es uno de los temas que más comentarios genera: «La fe se puede vivir en casa», «Para buscar a Dios no es necesario ir a la iglesia», «Dios está en todas partes, no en cuatro paredes», podría mencionar muchas frases así y realmente todo eso es válido. Pero, hay algo más allá que muchos tienen dentro de su práctica de fe. Ejemplo: Estar frente al altar, sentarse a escuchar la eucaristía, ir a ver una imagen religiosa. Muchos podrán considerar algo absurdo, para otros es sagrado.
Es en este sentido, que quisiera dar a conocer mi punto de vista y es que somos tan libres, que por eso el pensamiento es independiente y todos podemos elegir en qué creer o no, y si te impusieron una religión, más adelante la puedes abandonar sin problemas. Eso no quiere decir que aplaudo las aglomeraciones en momentos no permitidos, o que estoy incitando al desorden para ir a misa, sino que en este caso todos tienen derecho a poder adecuarse a los modelos de bioseguridad, abrir sus espacios, como otros sectores del comercio.
Tengo varios amigos músicos, viven de lo que cantan en eucaristías, funerales o reuniones sociales. ¿Quién les da la mano? Muy pocos. Las iglesias en diferentes cultos en Marinilla, también son epicentros que generan actividades económicas externas, como por ejemplo: venta de flores, servicios musicales, compra de vino, personal de aseo, transporte y se benefician otros como locales comerciales de venta de artículos religiosos, prendas de vestir, alimentos y bebidas, entre otros.
La apertura de los templos, como se han venido preparando tendrá que ser igual de responsable a los demás establecimientos, que no sólo por prestar un servicio o satisfacer una necesidad, terminan exponiendo la salud de sus clientes o seguidores.
Teatros, bares, sitios sociales:
El debate es grande cuando dicen «¡Entonces que también abran teatros y bares!» ¡¡Claro!! eso sería lo más justo y daría la igualdad a todos los sectores, solamente es de tener en cuenta que si a veces el licor, en sano juicio vuelve personas agresivas, también tendría que darse esa oportunidad, pero ligado a unos parámetros que garanticen la salubridad y seguridad de todos. También he notado como se ha atacado a quienes en sus hogares han realizado fiestas, ingesta de licor y reuniones; pero si volvemos al ejemplo de que la fe se puede vivir en casa, entonces la diversión y la rumba también. Es que aquí la polémica es un asunto de tolerancia, ah, obvio también de responsabilidad y de medir las proporciones de cada acto; porque no es lo mismo quien reza escuchando el rosario a todo volúmen con bafle gigante, a quien lo hace sin perturbar con ruido a familiares y vecinos; como también es distinto quien se toma sus tragos en calma y sin algarabía, a quienes amanecen en fiestas de alto voltaje.
Yo soy el primero que aplaudiría la apertura de iglesias, como también de bares y teatros, pues todo esto lo frecuento. El tema es dejar atrás el tener que burlarse o pasar por encima de los demás para exigir sus propios derechos. La situación ahora nos afecta de formas muy desiguales, porque incluso en mi ejercicio de trabajo también he perdido tiempo, dinero y oportunidades; pero los quiero invitar a quitar esas barreras de no tolerar las creencias religiosas, así como también evitar la crítica y respetar a quienes hacen del licor y la fiesta, su propia religión, su pasatiempo o su espacio personal.
En resumidas cuentas: las medidas tomadas se dieron para evitar contagios, ya que están los contagios todo es casi que una ironía: a menos contagios, más medidas y ahora es: a más contagios, menos medidas. Estuvimos encerrados por miedo y protección, ahora todos libremente podemos exponernos por gusto o necesidad, porque vivir con el virus no es una opción, es algo que nos tocó.
Pero tenemos que entender, de las carreras no queda sino el cansancio, lo mejor es prepararse y tener todo listo para cuando den luz verde y quienes quieran asistir a donde el corazón les mande: un bar, una iglesia, un centro comercial, un restaurante. Seamos responsables.
Aunque se me viene a la mente : Si en los supermercados al ser un espacio de alto riesgo, cumpliendo distancia y cumpliendo los protocolos no todos se han contagiado del virus, entonces puede -PUEDE- que en iglesias y bares teatros, tampoco.
Si abren el templo: ¿No te gusta la misa?- No vayas, respeta a quienes si les gusta..
Si abren los bares: ¿No te gusta ir a un bar? No vayas, respeta a quienes si les gusta.
Las pérdidas económicas son para todos, pero en mi pueblo es tan normal salir de misa e irse a tomar un café o una cerveza, que entonces cada quien elige si desea estar aliviado o enfermo, pero que tengamos gustos distintos no quiere decir que tengamos que tirarnos los unos a los otros, respetemos las diferencias.
Culmino con esta frase de Elbert hubbard: «La responsabilidad es el precio de la libertad, de otra forma seríamos esclavos del descontrol.»
Gracias por leer.

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