Opinión

Derrotando al tirano

 

Por: Adrián Hincapié Morales

Estudiante de Licenciatura en Filosofía

Universidad de Antioquia

 

¿Es posible vencer al tirano? ¿Es posible doblegar a nuestro opresor? Quizá todo ello sea posible cuando entendamos que el principal enemigo del ser humano en todo momento y en toda circunstancia es su ego. Nos es tan difícil reconocer que en muchas ocasiones el principal obstáculo para nuestra libertad y para nuestras “realizaciones” no es otro que nuestro Yo dogmático. Es verdad que existen agentes externos que doblegan nuestro espíritu y aprisionan nuestra cotidianidad. Sin embargo, no caemos en cuenta que somos nosotros mismos los que abrimos espacio para que el mundo nos aplaste.

Ahora bien ¿qué es el ego?  Esta es una palabra que muchos creen conocer pero que no se toma verdaderamente en serio, porque realmente lo estamos definiendo mal. Pero todo ello se da porque estamos sumergidos en una cultura que en vez de querer doblegarlo lo ensalza. Nuestra cultura occidental contemporánea se inspira en el cogito cartesiano que toma como verdad fundamental al yo que piensa, al sujeto; y el otro, los otros, aparecen en un segundo plano. A partir de ahí las epistemologías modernas crearon un imperio del individuo que llevo a Europa a enfrentarse una y otra vez en cruentas guerras. Pues los egos nacionalistas y personales no reconocían nada que escapara a sus propias lógicas, he ahí el desastre.

Con respecto a lo anterior, dicen que todos los problemas humanos surgen de una mala comunicación, pero el asunto va más allá, el origen de la mala comunicación es un ego que se niega a reconocer que fuera de su mundo hay otros mundos y otras realidades, un ego que se cree puro y verdadero y trata de imponer sus representaciones por encima de las demás: así el católico, el comunista, el liberal, el conservador, el protestante, que actúa bajo estas terribles lógicas nacidas de sus delirios, quiere que todos los otros se adhieran a su ideología o creencia sin entender que ellos tienen derecho a sus mentiras o a sus verdades.

El ego es ego cuando se quiere imponer y se niega al otro. Éste aparece o se manifiesta de muchas maneras a lo largo de la historia universal, nacional y personal. Personajes como Hitler, Stalin o Mussolini, son ejemplos de personas que causaron mucha muerte a causa de sus ambiciones personales. En nuestra vida nacional también hemos sido víctimas de voces imperativas de izquierda, derecha o lo que sea, que en sus afanes de enaltecerse han mancillado la nación y han creado mucho desastre y dolor. Pero no nos quedemos en el ego de los otros que difícilmente detectaríamos al nuestro. Examinémonos con profundidad y preguntémonos: ¿estamos imponiendo nuestra voluntad por encima de las otras voluntades?, ¿creemos que estamos en la verdad y quien no comparte nuestra explicación de mundo lo creemos perdido? Si tus respuestas son sí, eres no sólo un peligro para los demás, sino para ti mismo.

El ego destruye al hombre porque lo encierra en sí mismo y lo hace ciego ante el misterio; el ego es miedoso de la diferencia, por tanto es racista, homofóbico, xenofóbico… el ego discrimina y hace no sólo de su mundo un infierno sino que hace de los otros mundos un caos.

Así pues, si queremos la verdadera libertad tenemos que vencer al que nos la niega: una ficción que nace de nuestras mentiras y que grita a cuatro vientos que somos el centro del universo. Por tanto, al ego se le vence en la medida que vamos al encuentro del otro que escapa a mi pensamiento y le reconozco tal cual es, dialogando con él, escuchándole y brindándole mi mano sin interferir violentamente en su vida y en su cosmovisión.

Termino, por lo tanto, este artículo de opinión trayendo al paso una cita de mi libro que reza lo siguiente: “El problema no es tu mentira, el dogma en sí mismo es inofensivo. El problema es lo que haces con tu creencia en relación con los demás, cuando llegas al otro de forma imperativa y te niegas a los interrogantes, cuando endureces el rostro y no permites lo no-tú. El fanático es el que absolutiza por encima de cualquier cosa su ego. A veces cuesta dolor y sangre decir esta es mi verdad, no la verdad; da terror ver al otro como un universo que tiene derecho a sus propias mentiras y mostrarse como tal. Ver al otro y verme a mí, dialogar con él dejando que sea él, compartir y no imponer, estar en pie de lucha para tumbar a los tiranos que quieren sembrar en nuestros corazones sus imperios trastornados. Que el lugar común de nuestras miserias no sea la voz de un mentiroso sino las voces de todos en una tolerancia corpulenta. ¿Será posible la violencia en un mundo donde todos dominan su instinto de sobresalir? El mundo utópico e irrealizable del respeto univer­sal”. (Aforismo CCIV, Lágrimas en la oscuridad).

* Las opiniones expresadas de los “columnistas” en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de DiariOriente.

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