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Del milagro a la basílica: el origen de la devoción a San Judas Tadeo en El Santuario

La historia de la devoción a San Judas Tadeo en El Santuario se remonta a finales del siglo XIX y tiene como figura central al educador Eusebio María Gómez Ramírez, recordado por un hecho que marcó la espiritualidad de toda la comunidad.

Según la tradición oral, el maestro viajó a Medellín durante una temporada de fin de año con la responsabilidad de transportar una suma considerable de dinero —superior a mil libras esterlinas— destinada a un comerciante. Al llegar a la ciudad, ingresó a un hotel para desayunar y, de manera accidental, extravió el bolso donde llevaba los recursos.

Tras percatarse de la pérdida, acudió a un templo cercano donde permaneció en oración durante largo tiempo, pidiendo recuperar el dinero. Al salir, observó en un almacén la imagen de San Judas Tadeo acompañada de la frase “Abogado de los casos desesperados”. Motivado por la fe, adquirió la imagen y la novena, regresando luego a su municipio.

Días después, tras concluir las oraciones, decidió volver a Medellín con la esperanza de hallar el bolso. Allí fue abordado por un hombre que le devolvió el equipaje que había dejado olvidado en el hotel. Al verificar el contenido, comprobó que el dinero estaba intacto, hecho que atribuyó a la intercesión del apóstol.

El relato se difundió rápidamente por la región, despertando una fuerte devoción popular. A partir de ese fervor, el propio maestro impulsó la idea de construir un templo dedicado a San Judas Tadeo, propuesta que recibió el respaldo de la comunidad, la cual se organizó para conseguir terreno y recursos.

La primera piedra fue bendecida el 28 de octubre de 1898, fecha litúrgica del santo, en ceremonia presidida por el presbítero Isaías Aristizábal, acompañado por sacerdotes de municipios vecinos. La obra tardó varias décadas en completarse y solo fue concluida en 1935, cuando recibió la bendición solemne de jerarcas de la Iglesia.

Durante años, el templo fue atendido por capellanes y por la comunidad de religiosas Concepcionistas, establecidas allí desde 1939. Entre los sacerdotes que marcaron esta etapa se destacó el padre Carlos Cuervo, recordado por su cercanía pastoral y por promover el proceso que llevó a la erección canónica de la parroquia.

Este reconocimiento se formalizó el 14 de febrero de 1976 mediante decreto firmado por Alfonso Uribe Jaramillo, entonces obispo de la diócesis de Sonsón-Rionegro.

Ubicada sobre la colina conocida como La Judea, la iglesia se convirtió en referente arquitectónico y espiritual visible incluso desde la autopista Medellín–Bogotá. Su interior alberga obras de alto valor artístico, entre ellas un viacrucis monumental y múltiples pinturas religiosas elaboradas por el maestro Claver Ramírez, oriundo del municipio.

El templo también resguarda una imagen de San Judas Tadeo tallada en madera traída desde Barcelona en 1899, además de vitrales dedicados a los doce apóstoles.

El 6 de diciembre de 2017, la Santa Sede le otorgó el título de Basílica Menor, distinción que la acredita como uno de los templos más importantes del mundo, rango que comparte en el Oriente antioqueño con la Basílica de Nuestra Señora del Carmen en La Ceja del Tambo.

 

Más recientemente, en mayo de 2024, el santuario recibió una reliquia de primer grado del apóstol —una parte corporal, perteneciente al fémur de San Judas Tadeo— enviada desde el Vaticano, gestión adelantada por el presbítero Luis Ferney López. La entrega se realizó durante una visita oficial del nuncio apostólico a la diócesis encabezada por Fidel León Cadavid Marín, consolidando así uno de los hitos contemporáneos más significativos para la devoción judeíta en la región.

Hoy, la basílica continúa siendo centro de peregrinación, culto y memoria histórica para fieles locales y visitantes que reconocen en este lugar un símbolo de fe arraigado en la identidad del Oriente antioqueño.

 

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