
Al lado de la calle, justo al lado de la iglesia San Francisco, hay un edificio que no tiene retratos ni tesoros arqueológicos, pero es un sitio que guarda historias del corazón. La pizzería-bar La Mansarda lleva 41 años sirviendo capuchinos y palitos de queso para celebrar la vida y el amor.
Para algunos, los recuerdos más valiosos son las tardes que pasaron allí tomando un café con los seres queridos, otros recordarán sus primeras citas de la adolescencia; charlas, bromas, que vivieron con los amigos en alguna de las barras del local.
Asimismo, muchos recordarán la música y la comida, los palitos de queso con mermelada de fresa, piña o mora, las pizzas, las lasañas, los pasteles de pollo y los almuerzos exclusivos.
Es así, como Gustavo Marín uno de los propietarios de La Mansarda, menciona que este lugar fue muy importante durante la construcción del aeropuerto, pues este era un sitio de encuentro para los profesionales que llegaron en ese entonces a la región.
La Mansarda tiene mucha historia por contar, pues allí estuvo una de las primeras máquinas de hacer helado que había en Rionegro, ha sido un lugar testigo de las tristezas y las alegrías de las personas.
Hoy La Mansarda es un referente del municipio, es uno de los sitios más reconocidos, sus propietarios han visto como ha cambiado el municipio, sin embargo, este lugar sigue siendo el mismo, con muchas historias por contar, por recordar y por vivir, y como alguien lo escribió, “La Pizzería bar La Mansarda no tiene fotos ni placas conmemorativas. Sus paredes, en cambio, guardan cientos de historias que los rionegreros llevan en su corazón”.












