AltiplanoRionegro

Doña Veg. Amor y sazón, con conciencia y sentido

Hoy en día la alimentación vegetariana es algo que está a la vanguardia de las altas cocinas internacionales, ya que es un tema que se trata cada vez con mayor frecuencia.

Pero, para Angela Pineda Moncada este es un tema que no consiste en estar a la vanguardia, ni a la moda, de ninguna forma. Para ella esto es algo que asumió con conciencia y sentido común, “a mí me gustaba la gastronomía desde que era una niña y cuando mis hijas entraron a la adolescencia yo me volví vegetariana, era algo que tenía en la sangre desde niña. Cuando yo tenía 7 años en mi casa mataron una gallina y yo me desmayé, entonces como que lo tenía ahí y un día me hablaron del vegetarianismo, y al otro día yo ya no volví a comer carne, hace más de 15 años”, cuando entonces en Colombia, y particularmente en Rionegro no se entendía bien el tema, y hasta era un estigma pensando que aquel que lo fuera se iba a desnutrir comiendo solo plantas. 

Parte fundamental, inspiración y apoyo, es sus hijas Shirley y Paola, quienes se tomaron muy enserio el vegetarianismo, tanto así que para ella “no era coherente la lucha por los animales, pero en nuestro plato poner un animal, entonces decidimos llevar una alimentación vegetariana, y así ahí empezamos a educarnos, a buscar más información”, porque no es fácil socialmente ser vegetariano, ya que en el mercado las opciones son muy reducidas, más aún en la oferta de restaurantes o comidas a domicilio. 

Así inició el génesis de un propósito de vida que se convirtió en marca; Doña Veg. El nombre nació de una manera muy particular, “unos niños en San Antonio que iban a jugar con mi nieto, y yo les daba mantequilla de maní y ellos me decían; ¿eso es vegetariano?, Doña Veg, fueron esos niños los que me empezaron a llamar así”, cuenta como anécdota Angela, a quien en adelante llamaremos Doña Veg.

“Yo un día me dije, si en Perú tuvieron ese éxito fusionando la cocina de las abuelas con la cocina oriental, vamos a hacer un ajiaco vegetariano, una bandeja paisa vegetariana, sancochito y la comida típica antioqueña”, recuerda Doña Veg, cuando se encontraba estudiando gastronomía para aprender las técnicas para la transformación de proteínas, que para el caso vegetariano le tocó inventar para imitar las texturas de la carne, el pescado y los embutidos. “Me pasaba toda la noche pensando, cómo hago imitación de pescado, una de carne molida, un chuzo…”  (La bandeja paisa vegetariana es su plato insignia) 

El sueño de tener su restaurante, ese espacio propio en el cual podía mostrar sus creaciones, se hizo realidad hace 8 años. “Cuando monte mi restaurante mis sobrinos me decían; tía gracias porque ya la familia ve que esto no es nada raro, que uno no se va a desnutrir”, quizás es de las anécdotas que más atesora Doña Veg. 

Pero como muchos de esos pequeños espacios que cerraron a causa de la pandemia, este tampoco sobrevivió tal percance. Lo intentaron, pero enero de este año fue fatal, ante los incrementos de precios y sobrecostos, “ya estábamos en números rojos”.

“Entonces dijimos, pausemos el restaurante, dediquemos a la línea de proteínas, yo les doy asesorías y acompañamiento a los restaurantes que ofrecen nuestro producto, capacitaciones de cómo prepáralo sin que se contamine con la sustancia de otros productos y de cómo manejar el público vegetariano”, refiere Shirley Marín Pineda, quien es la gerente de la marca. 

Este proyecto es una forma de aporte a la sociedad, para ayudar a romper paradigmas a través de la alimentación, eso que a todos nos une, pero que en ocasiones no somos los suficientemente conscientes con nuestra alimentación, siendo empáticos con los animales y con nuestro propio entorno; mental, de salud y espíritu. 

Por: Jonathan Cifuentes

Publicaciones relacionadas

Clic para ver
Botón volver arriba