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Meliponicultura en San Rafael: un modelo para proteger la biodiversidad y promover el turismo ecológico

En la vereda Balsas del municipio de San Rafael, un meliponario llamado «Miel Oro Dulce» está transformando el enfoque turístico y ambiental de la localidad. Dirigido por Víctor García, este meliponario se dedica a la reproducción de abejas nativas y a la extracción de productos naturales derivados de sus colmenas, como miel, polen y propóleo.

 

«Queremos invitar a los turistas a que conozcan de cerca cómo trabajan las abejas en el ecosistema y dentro de la colmena. Que vivan la experiencia de la simbiosis entre las abejas, los frutos, las semillas y las flores», expresó Víctor, quien busca no solo generar interés en la apicultura sino también destacar la importancia ecológica de las abejas.

El meliponario se enfoca en el cuidado y conservación de las abejas nativas, que desempeñan un papel vital en la polinización y el equilibrio del ecosistema. “Nos aprovechamos de los recursos que producen, pero siempre respetando lo que ellas necesitan para subsistir», agregó. Las colmenas están organizadas de tal manera que solo se extraen productos de la tercera sección, dejando las primeras dos para uso exclusivo de las abejas.

Los productos derivados incluyen hidromiel, jabones de miel y polen, jarabes, velas y extractos de propóleo. Estos productos, todos naturales, son elaborados cuidadosamente para preservar las propiedades organolépticas de la miel nativa, que tiene reconocidos beneficios digestivos.

Las abejas nativas, conocidas como Melipona Eburnea o «boca de sapo», son diferentes a las abejas africanizadas. Estas últimas fueron introducidas en América por los colonizadores españoles, y aunque producen más miel debido a sus grandes poblaciones, la calidad y propiedades de la miel de las abejas nativas son incomparables.

Con más de 18 especies nativas de abejas en San Rafael, este meliponario también busca generar conciencia sobre la preservación de estas especies clave para el equilibrio ambiental. “Sin abejas, no tendríamos frutos, semillas, ni alimentos; la cadena se rompería. El equilibrio del ecosistema depende de ellas”, concluye García.

Este proyecto no solo es un ejemplo de meliponicultura sostenible, sino también una invitación a valorar y proteger a las abejas nativas, que son fundamentales para preservar la biodiversidad en Colombia y en todo el mundo.

 

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