
En el año 2019 sucedió un hecho desafortunado para Ángel Alfonzo Méndez, un niño que a sus seis años recibió un impacto de una bala perdida en su cabeza, en medio de una disputa de bandas criminales en el municipio de Bello, relata Ángel, “eso sucedió cuando iba junto a mi mamá y mi hermanita al parque, una bala perdida me alcanzó en la cabeza.”
Ese día la vida de Ángel cambió, el impacto del proyectil de arma de fuego, le generó una fractura múltiple en la región occipital. A esta fractura se le hizo un primer procedimiento quirúrgico que fue retirar todos los fragmentos de hueso, para poder limpiar la zona y evitar que se produjera una infección cerebral y poder reparar la membrana que recubre el cerebro, esta membrana se llama la duramadre.
Esto fue lo que le pasó a Ángel, su cerebro quedó expuesto, sólo estaba protegido por la piel. Ahora aquel niño de seis años no podía vivir su vida como la conocía, ahora tenía que ser más cuidadoso, no podía jugar como otros niños, tenía que resguardarse, cualquier golpe en su cabeza lo podía recibir directamente el cerebro y esto podía ser aún más trágico, podía generarse una lesión cerebral irreversible. Con esta condición su calidad de vida no iba a mejorar con el tiempo, por el contrario, podría comenzar a sufrir fuertes dolores de cabeza y su pensamiento podría comenzar a ir más lento.
La luz en medio del túnel
En medio de toda la zozobra que podía generar esta situación para Ángel y su familia, ellos lejos de su patria, en un país que los acogió, donde no contaban con ser tocados por la violencia, en medio de este panorama apareció un ángel, así como su nombre, como una premonición. El médico neurocirujano Harold Úsuga Arcila, llegó a su vida para darle otro giro, él desde el primer día se comprometió con su causa.
El neurocirujano Harold Úsuga, tiene una gran vocación de servicio, es esa persona en la que ves un brillo especial en sus ojos cuando ayuda a alguien más. El médico Úsuga es Profesional Oficial de la Reserva del Ejército, con el grado de capitán, la neurocirugía es el medio que usa para dar lo mejor de sí y ayudar a los demás, haciendo del mundo un lugar mejor, con un pedacito de su corazón en el Oriente Antioqueño.
Un feliz desenlace
Harold comenzó a tocar puertas por Ángel, con donaciones y diferentes instituciones que se aliaron, lograron, luego de un año y medio, realizarle una cirugía reconstructiva.
El lugar para cumplir este anhelo del corazón de Ángel, fue la Clínica Somer en Rionegro, institución donde trabaja el neurocirujano que apadrinó a esta causa. Los quirófanos de la Somer fueron testigos de la unión de voluntades por el bien de un pequeño que apenas comenzaba a vivir.
La cirugía fue todo un éxito, la parte de cráneo que había perdido el pequeño Ángel fue reconstruida con titanio a su medida, un material muy resistente y biocompatible con el cuerpo.
Ahora Ángel tiene una vida por delante, puede continuar el desarrollo de sus actividades, ahora puede jugar en el parque, puede jugar fútbol, puede correr, sin preocuparse por un golpe repentino, de esos que nos damos sutilmente mientras jugamos en la infancia.
“Hoy soy un milagro, un guerrero y sobre todo un niño con fe que desea crecer con una vida normal y poder jugar fútbol con mis amiguitos. Mi mamá y mis abuelos me enseñaron a tener mucha fe y esperanza (como se llama mi abuela materna) y eso es por lo que hoy estoy vivo. Gracias…
Yo vivo actualmente en Colombia con mis padres y abuelos, somos de Venezuela y por la situación somos inmigrantes”, dice con una luz de esperanza en sus ojos, Ángel Alfonzo Méndez.





