Por: Edwin Villa

Si analizamos los ocho años de gobierno del presidente Santos, quizás el único logro importante, haya sido el que las FARC dejaran las armas y se convirtieran en un partido político para poder alcanzar la paz que el país anhelaba después de muchos años de violencia. Sin embargo, como los acuerdos pactados en la Habana entre el gobierno y el grupo guerrillero fueron rechazados por el pueblo, tuvieron que ser revaluados y replanteados por los grupos de derecha que apoyaron el “no” y desmembrados en el Senado para que se pudieran ejecutar. Como la paz, fue una paz impuesta por la obstinación del gobierno Santos, hoy los resultados no han sido los mejores: los acuerdos se están incumpliendo, se presentan cientos de casos de disidencias, los grupos armados como el ELN y las BACRIM se están fortaleciendo con atentados terroristas como el cometido en una estación de Policía en Barranquilla y el asesinato contra líderes sociales, la percepción de seguridad de los ciudadanos no es positiva, la delincuencia común continúa en aumento, etc. A pesar de todo esto, el logro de Santos sigue siendo loable y eso no tiene discusión, lo que no ha podido comprender su gobierno (y ya no comprendió), lo realmente discutible, es pretender que la paz se consiguiera, únicamente, por firmar un documento, cuando la paz es un proceso que debe construirse entre todos los sectores de la sociedad para que pueda ser estable y duradera; no debe, por lo tanto, limitarse al espectro político. Si se promueve el fin de la guerra, pero no se promueve la educación, el respeto, el civismo, la cultura y el arte, no habrá nunca una verdadera paz y la violencia seguirá siendo el legado que heredamos de nuestra sociedad.

Por ese motivo, es que me sorprendí tanto al enterarme que el Ministerio de Cultura retiró el apoyo económico a la vigésima octava versión del Festival Internacional de Poesía de Medellín por razones técnicas y que el “proyecto fue rechazado por incumplimiento de un requisito no subsanable” (como lo indicó en su página web el Ministerio), dejando al Festival sin un aporte importante para su funcionamiento. Para quienes no dimensionan la relevancia de este evento a nivel cultural, cabe mencionar, que desde 1991 viene promoviendo el arte a través de la poesía, impulsando a las nuevas voces literarias para que se escuche su eco en la ciudad, así como las voces de poetas ya reconocidos en Colombia y en muchas partes del mundo, sirviendo como un espacio para fomentar la paz, el respeto hacia las diferencias y el espíritu de comunión entre los pueblos, reuniendo a ciudadanos de todas las edades y clases sociales, siendo reconocido como un evento literario de talla internacional e incluso premiado con el Premio Nobel Alternativo el 8 de diciembre de 2006. No obstante, todos estos reconocimientos no son suficientes para el Ministerio, quien sigue apelando en su defensa que algunos “detalles técnicos” fueron supuestamente ignorados por los organizadores del evento y la decisión de no apoyar económicamente al Festival, parece ser irrevocable. La afrenta del Ministerio, es una afrenta contra la paz, pues cuando los pueblos no encuentran en el arte y en la cultura una forma de expresarse, apelan al odio, a la intolerancia, a la guerra.

Puede parecer una hipérbole, pero considero que sin festivales como el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia seguirá siendo una nación violenta, agresiva, guerrerista. Si esto no lo puede entender ni el Ministerio de Cultura ni el gobierno Santos, ojalá lo entiendan otros ministerios, ojalá lo entiendan otros gobiernos.  ¿O debo decir: ojalá lo entiendan los colombianos en las próximas elecciones?

Nota del columnista: Los invito a ingresar a la página www.festivaldepoesiademedellin.org donde podrán ver más información relacionada con el Festival.

Comentarios