Por: José Eliécer Palomino Rojas.

Teniendo en cuenta, el orígen etimológico de la palabra misión, a partir de la lengua latina (Missio, Misionis, que significa envío, lanzamiento), se puede concretar que todos tenemos una gran misión desde que llegamos a esta vida terrena, como: La misión de ser buen hermano, buen esposo, buen hijo, buen padre, buena madre, buen empleado etc; con el certero objetivo de formar, educar, orientar, corregir, socorrer dentro del rol en el que nos desempeñemos, hacia quienes necesitan de nosotros.

Cada persona desde su cargo o profesión que desempeña, es un misionero, siempre y cuando todo lo que realice, lo haga con amor, entrega, alegría en beneficio de los demás.

No hay que dejar apagar la luz del entusiasmo, de la vocación, de ser un auténtico misionero evangelizador, desde el testimonio de vida de cada uno, a ejemplo de Jesucristo.

Cuando se oye decir que “todo cristiano es misionero en virtud del bautismo recibido”, nos exhorta a diferenciar que el llamado a la verdadera vocación es muy diferente al deseo de aquellas aventuras, por insatisfacciones personales, que muchas veces nos lleva a actuar con una doble moral.

No olvidemos que la vocación, y la misión tambièn es cuestión del: Llamado, Compromiso, y Entrega, incondicional, como laico comprometido, sin la necesidad de llevar puesto un hábito o vestido, debido que la vocación y la misión son cuestión de fe, amor, oración, entrega, desde la razón y del corazón, con una actitud iluminada y llamada por un Ser, o energía superior a nosotros, cuyo nombre es DIOS.

Es evidente que los hábitos (vestidos) religiosos, han sido un simbolismo sagrado, algunos con detalles, y atuendos como: Velos, cinturones de cuerina o cuero, escapularios, camándulas, escotes en forma de trapezoide, o cuello plato, zapatos cerrados o zandalias etc, unas veces para identificar o diferenciar las institucionalidades, o comunidades a las cuales pertenecen los misioneros o misioneras, y en otras ocasiones, es para significar que la o las personas que recibieron, el bonito llamado lleno de servicio, entrega y sacrificio consagraron sus vidas a Dios.

Hay que tener claro, que en el llamado a la vida misionera, muchos son los llamados, pero pocos los elegidos, y no son los que quieren sino los que pueden. ¿Eres firme de anunciar a Jesucristo con su vida?.

Foto: Internet

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