Por: José Eliécer Palomino R.

Y a ustedes, ¿quién les va a hacer daño si se
esfuerzan por hacer el bien? (1pedro 3,13).

Si como seres humanos, racionales, lograramos mirar con los ojos del alma, y expresar sentimientos sinceros con los ojos del corazón; alcanzaríamos la unidad, la entrega total que traspasa la locura del amor, por servir a nuestros semejantes, con las manos de Jesús, para brindar aquellos frutos de amor, paz y perdón a nuestro prójimo.

Es tiempo para aborrecer la insensatez, la rebeldía, la esclavitud de los vicios, los deleites de este mundo; hay que buscar todas aquellas oportunidades para ser bondadosos con todos los hermanos de la tierra, para ser capaces de ver la certeza de la divina bondad durante el peregrinaje por este valle terráneo; a través de las múltiples maneras como el Señor suele manifestarse en nuestros hermanos los pobres, brindando el puente para la salvación eterna.

Regocijémonos en el Señor, alegrémonos en Dios para convertirnos en renuevos de olivos del infinito, sembrando en las nuevas generaciones situaciones de cambio radical, para que esten dispuestos a emprender una lucha sin cuartel contra las fuerzas del mal; que se decidan a dejar de ser aquellos cristianos de armario, para que salgan a las calles a dar testimonio con plena certeza y conciencia de que son plenos discípulos de actos del bien Supremo.

No hay que dejar pasar por alto que el levantar la mano hacia los hermanos desvalidos, desamparados, con actos de solidaridad, y de servicio en el amor de Jesucristo; se expulsa al espíritu maligno y se rompe las ataduras del mal.

¿Está dispuesto a servir al hermano, sin esperar recompensa alguna?

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