Por: José Eliécer Palomino Rojas.

Es innegable aceptar, así como aquel pedazo de hilo que se deteriora y se va desprendiendo de cualquier tela, en forma insignificante, quedando a veces como: restos, residuos, vestigios o recuerdos; para algunos vistos como restos Sacrosanctus y para otros como restos profanos, de igual manera se desprende el Hálito (aliento de vida) de la caja corpórea en los seres vivos, dejándolos en desecho o descomposición.

En la lucha contra el óbito (muerte), y el Hálito (aliento de vida), se ha demostrado que los dos son inherentes a la existencia de todo ser viviente, en donde no puede haber existencia sin óbito. Desde el punto de vista bíblico se habla de un gran sueño, que será en espera de una voz de mando, con voz sonora, con sonidos de lira y arpas de arpegio, que reanimará los espíritus para que alaben a una maravillosa Divinidad; ese sueño mencionado en las sagradas escrituras, es para referirse a la presencia del óbito o deceso en todos los seres vivientes.

Hoy lastimosamente, la humanidad vive una ansiedad y apego por adquirir cosas materiales, y se inclinan muy poco por practicar y obtener bienes espirituales, se mueven continuamente en elegir lo que nos pide nuestra carne y no lo que demanda nuestra alma, ignorando que los deseos de la carne conducen al óbito (muerte, parca o deceso) apelativos que se le dan a la muerte, contrario a los deseos del espíritu que conducen a la vida,( hálito) a la paz y al amor, camino hacia la luz o vida eterna.

Se podría afirmar que muchos seres humanos viven como si nunca les llegara el momento de partir hacia un espacio desconocido, quizás lleno de sombras o de luz radiante, lo paradójico ante ese viaje de espacio inexplicable y misterioso, permite que distintos tipos de religiones, creencias, prácticas o rituales del ser humano, se alineen y coincidan que en algún lapso de tiempo, los seres vivos partirán y desaparecerán del plano terrenal.

En ocasiones algunos seres racionales tienden a caer en frases semánticas de arrogantes interpretaciones al escuchar malas deducciones lógicas con tinte de escepticismo, cuando aseguran que el frío no existe, porque el frío es ausencia de calor, o cuando expresan a flor de labios que el óbito(catrina o muerte) no existe, porque es el opuesto a la vida o(hálito), sin embargo en realidad no hay que confundir una cualidad secundaria con el fenómeno en sí del óbito y hálito(muerte y vida), porque son términos subjetivos que se emplean para descubrir el fenómeno más fundamental – la biología. El fenómeno en cuestión sin embargo, existe. Eliminar el término subjetivo, no erradica la existencia de la muerte, como lo hizo connotar Einstein en la discusión que tuvo con un estudiante en una de sus clases de corte científico.

La pelona, la parca (muerte), según la visión de la filosofía, tiene complejas concepciones; filósofos como Séneca, que afirmó: “Nada es tan cierto como la muerte”, San Agustín dijo “Todo es incierto; solo la muerte es cierta”, Tomás de Aquino se refirió a la muerte como “La más grande de las desgracias humanas”, aunque se ve en tales aportes filosóficos algunos discrepan, otros convergen hacia una misma o distinta dirección; hablando solo…se podría decir que la parca o muerte está presente en todo lo que está vivo, es el paradigma de todo límite, indisoluble en la persona, que lleva a una transformación; es aquella presencia constante quizás hasta leal que aparece sin previa notificación, misiva, ni posible envío de tarjeta de invitación para prevenir pospuesta alguna.

Lo cierto, sería bueno que se tuviera en cuenta para reflexionar: ¿Será posible que el ser humano, no se detiene para analizar y  prepararse, hacia su propio fin del plano terrenal?.

Cuando nos podíamos mirar, tocar frente a frente, cuantas veces deseé sentarme a tu lado, para agradecerte, los momentos alegres, tristes, enojos o enfados que provocabas en mi ser, pero ahora no puedo porque todo nos cambió, nos transformó y nos separó como aquel pedazo de hilacha, nos separó como el tiempo, el entorno, hasta unas capas de tierra, grama, o loza fría, se convirtieron en barreras para custodiar mi osamenta, convertida en polvo o ceniza, que quizás con el tiempo llevará el agua o el viento, para impedir que regrese a tu presencia; te extrañaré por siempre, complemento del alma mía, que fuiste durante la existencia terrenal.

Tuyo Del Alma hasta el infinito. José P.

* Las opiniones expresadas de los “columnistas” en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de DiariOriente.

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