Por: Edwin Villa

Este año que acaba de llegar, es un año de incertidumbres para todos los colombianos: elecciones presidenciales, crisis de la salud, déficit fiscal, salario mínimo, incremento en los precios de la canasta familiar y servicios básicos, el tema de la paz, los casos de corrupción sin resolver, entre muchos otros. Y, a pesar, de que aún no hemos resuelto como país, muchos de los problemas que nos aquejan, posiblemente, el 2018 traerá nuevas dificultades y retos por afrontar. No obstante, nuevamente, tenemos en las urnas la oportunidad de cambiar nuestra historia política y construir una mejor nación. Confío en que esta vez no nos vamos a defraudar como país y tomaremos mejores decisiones que en el pasado, confío en que la conciencia prevalecerá y elegiremos al candidato que mayores cualidades demuestre para asumir la presidencia y no, al que más dadivas ofrezca. Sumergido en las aguas de la esperanza, quiero compartir entonces, mis doce deseos para el 2018, anhelando que sí sea: “el año del cambio”.

Nº 1: Más que un deseo, es una petición al gobierno colombiano para que admita por fin, que se está cometiendo en todo el territorio una masacre indiscriminada contra los líderes sociales. Que por fin se reconozca que no son hechos aislados y se tomen cartas en el asunto. La cifra el año pasado superó los 100 líderes asesinados y ésta cifra no puede repetirse en el 2018; no puede haber un muerto más.

Nº 2: Como ya lo manifesté anteriormente, el próximo año habrá elecciones presidenciales en el país, un hecho que debe ser considerado como el de mayor transcendencia de todo el año. Sin embargo, muchos ciudadanos lo toman como un evento más y no asumen la seriedad y responsabilidad del caso. Mi segundo deseo, es que los colombianos por fin tomemos la actitud correcta frente a las elecciones presidenciales, asistiendo a las urnas y eligiendo al candidato más idóneo para asumir las riendas del país. Ojalá no se repitan los casos de personas compradas con mercados y tamales.

Nº 3: Se viene el Mundial de Fútbol de Rusia 2018, el evento deportivo del año, en el cual la Selección Colombia va a hacer su sexta participación en la historia. Como buen hincha del fútbol, mi tercer deseo, es que la Selección pueda mejorar lo hecho en Brasil 2014 y llegar a las semifinales del mundial, algo que sería, sin dudas, todo un hito.

Nº 4: Y, hablando de Rusia, un país homofóbico por excelencia, donde la homofobia se transmite de generación en generación y es incluso promovida por el gobierno, mi cuarto deseo, es que no sólo dicho país, sino que también Colombia y todos los países donde aún existen abismos intelectuales de este tipo, propios de la Edad Media, den el salto hacia la modernidad y empiecen a respetar los derechos de la comunidad LGTBI (y sus ampliaciones), permitiéndoles la libre expresión, el derecho a la educación, al trabajo y a conformar un hogar.

Nº 5: Que los uribistas dejen de utilizar al “castrochavismo” como lema de su campaña y que por fin se esfuercen en generar propuestas que acaben con los verdaderos problemas que tiene el país.

Nº 6: Que los colombianos puedan sobrevivir un año más con el salario mínimo.

Nº 7: Que el VIH y el cáncer dejen de ser un negocio en Colombia y se conviertan en un problema de salud pública.

Nº 8: Ante el desarme de las FARC y el retorno a la vida civil de sus combatientes, el negocio del narcotráfico quedará, completamente, en manos de las BACRIM. Si a este “pequeño monstruo” el gobierno no le da la importancia que se merece, sus tentáculos crecerán y será el nuevo propagador del crimen y la violencia como ya lo fueron las guerrillas, los narcotraficantes y los paramilitares en el pasado. Mi octavo deseo, es que este “pequeño monstruo”, deje de crecer en el 2018 y que sus tentáculos sean cortados antes de que sea demasiado tarde.

Nº 9: El derecho a la salud, a la educación, al trabajo, a los servicios vitales y muchos otros derechos, han perdido su valor intrínseco y se han convertido en una simple transacción monetaria gracias a la privatización. Esta situación ha hecho que el Estado no sea capaz de garantizar su cumplimiento, declinando sus responsabilidades hacia terceros que poco les importan los derechos de la población y desatando una crisis que se extiende en diferentes sectores. Si se logra recuperar la esencia de los derechos, los ciudadanos dejaremos de ser una cifra y recuperamos nuestro valor como personas. Por ende, mi noveno deseo es que en Colombia se dejen de privatizar nuestros derechos y que el gobierno asuma su responsabilidad para el cumplimiento de los mismos.

Nº 10: No más corrupción en Colombia.

Nº 11: No más esclavitud ni trata de personas.

Nº 12: Que los colombianos podamos vivir una verdadera paz en este 2018.

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