Por: José Eliécer Palomino Rojas.

Fue pobre, miserable, preso y abandonado como cualquier otro ser humano.

En él se da una unión perfecta de virtud y felicidad en quien el Ser y el Deber – Ser, se identifican, exigiendo la existencia; pero no de una existencia en lo abstracto, sino de una existencia real en medio de la humanidad.

Vino a humanizar todo cuanta actitud, actividades, trabajos observaba durante su recorrido de aldeas en aldeas y de nación en nación, para satisfacer las necesidades particulares y la de el resto de la sociedad de aquella época, totalmente opuesto a la universalidad abstracta de la igualdad formal.

En cierta ocasión ante el emperador Pilatos, Pilatos quien por ese entonces fue conocido como el gran Poncio Pilatos, miembro del orden Ecuestre y quinto Prefecto de la Provincia Romana de Judea entre los años 26 – 36; interrogó a El Hombre-Hombre, si en verdad era Rey; a lo que El Hombre-Hombre respondió con firmeza y certeza: “si, como dices, Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.

¿Cuántos Pilatos de esa época, encontramos en la actualidad, con una sed de descubrir, de encontrar la verdadera verdad? esa verdad a la que quería y anhelaba aquel Hombre-Hombre de todos los tiempos, verdad del cumplimiento, mediante un compromiso vital que abarque la vida, la teoría y la práxis, la razón, el sentimiento y la voluntad entera en el Ser conciente y humanizado; verdad del cumplimiento de aquella promesa que solo puede captarse de un modo de vida. Verdad que muchas veces se contrapone a las muchas actitudes de Judas, el cual no empezó mal, por que Judas realmente era un nombre excelente en la época de aquel Hombre-Hombre. Judas significaba “alabanza”, en aquel entonces. Y el hecho de ser llamado por el Hombre-Hombre nos indica que Judas tuvo el mismo potencial que tuvieron los otros discípulos. Hay que recordar que antes de escoger a los Doce, el Hombre-Hombre oró toda la noche buscando la sabiduría de su Gran y Altísimo Hombre-Hombre. Los escogió entre muchos y asi sabemos que Judas era una persona de mucha promesa, el Hombre-Hombre le escogió para ser un discípulo, no para ser un traidor, fue escogido como el tesorero del grupo mostrando que sus compañeros tenían mucha confianza en su capacidad.

Pero como todo no puede ser color de rosas, ni aromas de pétalos ni sublimidad de incienso, la codicia fue uno de tantos factores en el proceso de degradación de Judas, fue su avaricia, cuando María Magdalena ungió los pies del Hombre-Hombre, fue Judas quien le recriminó. Aunque Judas había escuchado las enseñanzas del Hombre-Hombre, aunque sabía que amar el dinero era malo, quiso tener más y más. Así que por dinero decidió traicionar al Hombre-Hombre. No se sabe con seguridad cómo murió Judas, solo se sabe que cometió un suicidio, aunque se dice que había un árbol en una escarpa cercana, Judas puso allí un dogal, metió su cabeza y se lanzó y que en aquel momento explotó su estómago, suicidio o no, Judas tuvo la oportunidad de tener forma por ser un misionero extraordinario, pero escogió más bien ser conocido como el traidor del Hombre-Hombre.

Se podrá relevar que tanto Judas como Poncio Pilatos se relacionan en cuanto las actitudes que cometieron contra el Hombre-Hombre, una actitud de pura y reverente obediencia instrumental, para llevar a cabo lo que decía la profecía. Ni Judas, ni a Poncio Pilatos, nadie los empujó a hacer lo que hicieron, ellos lo hicieron por propia voluntad, dando a entender que cada quien es responsable de sus propios actos.

¿Cuántos Pilatos y cuántos Judas realizan actos por su propia voluntad, pero no asumen sus propias actitudes, acciones, sino que buscan ensuciar y sumergir en el fango al primero que ven a su alcance?

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