Por: Edwin Villa

Si alguien de temperamento fácilmente alterable, decide verse el documental “De la servidumbre moderna” realizado por Jean-François Brent, quizás pueda sumirse en una profunda crisis existencial de la cual va a ser difícil salir. Sin embargo, aunque en dicho documental, se expone visceral y crudamente las falencias de la sociedad moderna y las formas viles que utiliza el sistema para subyugar a la humanidad, tampoco es claro en generar soluciones verosímiles y sobre todo, aplicables al contexto social en el que vivimos. En pocas palabras, el documental no es propositivo y se convierte en un “pleonasmo anárquico” que como dije, no resuelve el problema. Considero que la verdadera intención del video es crear una conciencia en el espectador sobre las formas de esclavitud que, actualmente, utilizan las esferas de poder para robarnos nuestra libertad subjetiva (¿o colectiva?) que aún nos queda y no, para ocasionar un caos mayor del que ya existe. Por lo tanto, el espectador debe tranquilizarse y enfocar su energía en recuperar algo de la libertad que le han robado, sin caer en el pozo de la desesperación y la desesperanza. Afortunadamente, todavía poseemos esa capacidad de tomar decisiones por nosotros mismos y debemos tomar ese libre albedrío a nuestro favor antes de que llegue el día en que una computadora sea quien tome nuestras decisiones.

Como ya dije anteriormente, el documental es bastante crudo en mostrar una realidad de la que nadie parece escapar y evidencia cómo los seres humanos giramos en torno a un círculo vicioso como simples borregos. Dicho círculo vicioso es ocasionado por la mayor invención que la mente humana pudo crear: el dinero; nuestra sociedad gira inevitablemente alrededor suyo. No obstante, es un giro desigual, pues mientras la gran mayoría de la población vamos dando círculos como borregos para perseguirlo, sólo unos cuantos (los dueños del capital) logran alcanzarlo. Estos dueños del capital, que pueden ser empresarios, políticos, directivos, entre otros, son los que ponen las reglas de juego en el mundo para que los borregos sigamos girando alrededor de su círculo y ellos se sigan haciendo cada vez más ricos y poderosos. Aunque no es culpa nuestra que los cimientos de nuestro mundo estén construidos con fajos de dinero, sí es nuestro deber tomar conciencia de nuestra condición. El dinero es el símbolo de la esclavitud del siglo XXI, es un mal necesario. Es un mal necesario porque sin él no podríamos comer, no tendríamos dónde vivir y  no tendríamos cómo vivir. Por eso, debemos trabajar para conseguir dinero y el dinero nos permite satisfacer nuestras necesidades. Pero una vez cubiertas, el mismo sistema nos crea otras necesidades de consumo que hacen más grande al círculo y a nuestra condición de esclavos. Ya no se trata sólo de comer y sobrevivir, ya también se trata de consumir. Como lo explica Noam Chosky, filósofo y lingüista estadounidense: “La industria de las relaciones públicas, la industria de la publicidad es la que se dedica a la creación de consumidores. Este es un fenómeno que se desarrolló en los países más libres, en Gran Bretaña y los Estados Unidos. Y la razón está muy clara. Se volvió clara hace aproximadamente un siglo, cuando esta industria se dio cuenta de que no iba a ser fácil controlar a una población con el uso de la fuerza. Habían ganado demasiada libertad: sindicatos, parlamentos con partidos para los trabajadores en muchos países, el derecho al voto de la mujer. Por lo tanto, tenían que encontrar otros medios para controlar a la gente (extraido de https://muhimu.es/economia/entendieron-mas-sencillo-crear-consumidores-someter-esclavos-chomsky/)”.  Y ese medio, tiene nombre propio: el consumo. Cada día se construyen más centros comerciales, la gente acude más al gimnasio o compran miles de productos para lucir mejor, a diario salen nuevas marcas de toda clase de mercancías, la televisión se vuelve día a día más agresiva con sus comerciales, y la publicidad ha hecho de la familia, del amor, del deporte, de la fe y la religión, del dolor ajeno y principalmente, del sexo, una simple imagen para poder vender. Vivimos en una sociedad que pretende comprar la felicidad con dinero. Desprevenidos, seguimos posando ante la cámara para que la selfie demuestre “nuestra felicidad”, mientras nuestra condición de esclavos se agudiza cada día. No se trata entonces de que dejemos de consumir o de tomarnos selfies, tampoco se trata de lanzar piedras, quemar cilindros y formar una anarquía, se trata de que tomemos conciencia de nuestra condición de esclavos, que aceptemos esta realidad y reaccionemos. Entre más lejos estemos del círculo del consumo, más cerca estaremos del círculo de la libertad. Y entre más nos alejemos de nuestro yo interior, más nos acercaremos al círculo de la esclavitud. Somos aún libres para elegir si queremos ser esclavos o si queremos ser libres. El principal problema no es que el sistema nos subyugue, el principal problema es que no queremos admitirlo y permitimos que lo siga haciendo.

Después de haber visto el documental, cada vez que una imagen publicitaria se cruza por mi camino, ya sea en la televisión, la radio, la prensa, Internet, centros comerciales, gimnasios, etc., me preguntó ¿cuál es el truco?, ¿dónde está el engaño?, ¿en qué trampa estoy a punto de caer? Y, aunque muchas veces no logro responderme, creo que he tomado más conciencia de mi condición y día tras día, voy recuperando de a poco, la libertad que aún me queda. Espero no volverla a perder.

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