La casa abandonada que por años fue sinónimo de la guerra, en la vía que conduce a San Carlos con la vereda La Hondita de ese mismo municipio, dejó de ser sinónimo de guerra y ahora es punto obligatorio de parada de turistas.

Este fue uno de los cinco espacios intervenidos hasta el momento en San Carlos, gracias al trabajo del colectivo San Carlos Memoria de Sueños y Esperanzas, dentro de un convenio con la Corporación Región, el cual busca resignificar la memoria del municipio.

José López “Joselo”, artista sancarlitano y líder del colectivo, cuenta que todos los lugares intervenidos gracias al proyecto, tenían la violencia tatuada en los muros. Por eso el grupo de artistas, acompañados de 35 estudiantes en promedio, llegaron hasta los lugares a restaurarlos, destapar la maleza y volver a habitar los espacios pero, esta vez, con arte. En la mayoría dibujaron las escenas cotidianas de antes, por eso, en las casas abandonadas volvieron a vivir las señoras alimentando a los animales domésticos, hombres ordeñando vacas; algo así como devolver el orden natural perdido por la guerra.

Actualmente los murales están en La Hondita, El Chocó, Dinamarca, el Hogar Juvenil y en la Casa de la Juventud del municipio, y se espera que a finales de  julio, se termine la producción en otros cinco espacios que al igual que estos, representarán la historia viva del municipio.

Además, como colectivo artístico, han intervenido independientemente otros 20 espacios, que complementan el trabajo en el que se tiene en cuenta las voces de la comunidad.

Política Pública de Reconciliación

Las intervenciones hacen parte de un proyecto macro que adelanta Corporación Región en San Carlos y que tiene como meja dejar una capacidad instalada y un proyecto de Política Pública para la Reconciliación, el cual es financiado con recursos de Usaid Colombia.

Entre otras acciones, realizaron talleres para los gestores de memoria y un trabajo con los jóvenes para contar sus historias a través del arte. Por eso, antes de la intervención en los murales, se realizan talleres y conversaciones con la comunidad, en la que ellos dicen qué quieren ver y  sólo después de que los grupos acepten el boceto, empieza el trabajo en el que se llena de color los espacios.

Explica Joselo, que lo más interesante de todo el proceso es la resignificación de los espacios que antes fueron armas de intimidación, “no era solo ponerlos bonitos, sino volver a descubrir la historia”, dice y agrega que la verdadera historia de San Carlos no fue la de la violencia, sino lo que era antes y lo que es ahora, y eso es lo que transmiten a través del arte.

Por: Inforiente.info

Fotografías: Corporación Región e Inforiente

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