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Madre: el ser más maravilloso de la creación

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Por: Yolanda Tobón Tobón

“Madre en un contexto biológico se le llama al individuo de sexo femenino que ha tenido descendencia directa”.

“Desde una perspectiva cultural constituye un elemento en la crianza de los individuos”.

“El título de madre también puede ser dado a aquella mujer que cumpla este papel sin estar emparentada biológicamente con el niño o niña”.

De una madre se pueden nombrar infinidad de cosas como lo dijo aquel militar y emperador de Francia, Napoleón Bonaparte: “El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre”.

El expresidente estadounidense Abraham Lincoln, quien sentía enorme devoción por su madre dijo: “Todo lo que soy o espero ser se lo debo a la angelical solicitud de mi madre”.

Estos personajes hablaban con gran sabiduría de las madres. Ellas son todo para los hijos.

A través de sus constantes “sermones” quieren aconsejar y dar enseñanzas para la vida. En sus frecuentes diálogos buscan que sus hijos sean fuertes y enfrenten sus errores con responsabilidad; que tengan proyectos claros y firmes.

“No hay distancia que no se pueda recorrer, ni meta que no se pueda alcanzar” Napoleón Bonaparte.

También con su protección quieren que sus hijos sean personas seguras y que tengan buena autoestima.

En la Biblia varios pasajes hablan sobre la importancia de la madre: “por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y hacen una sola carne” (Génesis 3, 20).

“Sírvante pueblos, adórente naciones, sé señor de tus hermanos y adórente los hijos de tu madre ¡Quien te maldijere, maldito sea y quien te bendijere, sea bendito!” (Génesis 27-29).

Tenemos el mejor modelo, el ideal de madre en nuestra Señora la Virgen María, sin pecado concebida. Una mujer para quien, a pesar de todo lo que tuvo que afrontar, su hijo siempre fue lo más importante y al aceptarlo a Él, nos aceptó a todos nosotros para que la reconozcamos como nuestra madre y a quien debemos aprender virtudes como la prudencia, la justicia, la fortaleza, la fe, la esperanza y la caridad, además de muchos otros valores que la caracterizan como la madre de Dios.

Ante nuestros ojos tenemos a nuestra madre o su bello recuerdo. Ella nos llevó en su vientre, nos educó y nos enseñó a afrontar la vida.

Retomemos el pensamiento de algunos importantes escritores como el novelista británico William Makepeace Thackeray: “Madre es el nombre de Dios en los labios y el corazón de un niño pequeño”.

Víctor Hugo, el autor francés de Los miserables y de la historia de El jorobado de Nuestra Señora de París, expresó: “Los brazos de una madre están hechos de ternura, y un niño duerme plácidamente en ellos”.

El novelista y dramaturgo francés Alejandro Dumas, padre autor de Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, hizo referencia a las madres al escribir “Las madres perdonan siempre: a eso han venido al mundo”.

Otro fue el novelista francés Honoré de Balzac, “El corazón de una madre es como un profundo abismo en cuyo fondo siempre se halla el perdón”.

Alfred de Musset, dramaturgo francés del romanticismo escribió: “Quien ama a su madre, jamás será perverso”.

El médico neurólogo austríaco Sigmund Freud, padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX, decía que “un hombre que has sido el indiscutible favorito de su madre, mantiene durante su vida el sentimiento de un conquistador”.

Que el mes de mayo se el momento perfecto para apreciar el valor de nuestras madres, sus esfuerzos y su dedicación. Que las aceptemos tal y como son, con cualidades y defectos, con las líneas de expresión que han aparecido a través del tiempo de tanto gozar y sufrir. Además de su cambio de cabello, que en algunas ocasiones se torna blanco, signo de madurez, sabiduría y experiencia. Eso es solo en el exterior, porque en el interior de una madre hay un espíritu joven y lleno de vida.

A las madres se les ha venerado con hermosos poemas, versos, canciones, frases, trovas y pinturas. Se han escrito cantidad de obras en su nombre para resaltar lo que hacen por lo que para ellas es su objetivo principal: cuidar de sus hijos, velar por su salud, bienestar y felicidad. No hay nada que las impulse más a luchar en el mundo que el inmenso amor por sus hijos. Aun cuando los contratiempos del destino, no pocas veces les impidan avanzar, siempre se reponen para continuar en la lucha.

Las madres son el amor único y verdadero, el incondicional, que perdura en el tiempo y las distancias. Es la luz en el camino, el ángel que nos protege durante toda la vida. La amiga que nunca nos abandona, el ser que nos permitió vivir.

Por todo esto, que hoy sea el día de decir:
GRACIAS MADRE, POR SER MI MADRE, LA MEJOR DE TODAS

*Las opiniones expresadas de los “columnistas” en los artículos son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no necesariamente reflejan los puntos de vista de DiariOriente

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