Por: José Eliécer Palomino Rojas.

Desde tiempos remotos, el anhelo de los mortales, parece haber sido, el total aprovechamiento de la naturaleza; en la primera fase de los asentamientos humanos, el ser racional estuvo en contacto con la naturaleza, poniendo en marcha las primeras formas de agricultura.

Para el progreso de los terrenos fértiles, el hombre y la mujer empezaron a transformar su paisaje y a formarlo de acuerdo a sus necesidades: Drenó tierras húmedas, niveló terrenos, modificó el curso de quebradas, taló bosques entre otros; como sucedió en el Antiguo Egipto, en donde los primeros huertos consistían en sembrados de datileras, árboles frutales, con parras de uvas apoyadas entre columnas, propiciando sombra fresca como escenario de fábulas románticas en las parejas egipcias, mediante muros de tierras en forma de rectángulo, para retener el agua y de este modo mantener empapado el suelo.

Durante los siglos XVII y XVIII se empezaron a construir los primeros parques lineales, con estilo Francés o Inglés, en las ciudades más importantes de Europa(Inglaterra, Francia, España), con el fin de mejorar las condiciones de insalubridad, contaminación, que producían las fábricas de la revolución industrial. Algunos de estos parques eran diseñados y construidos como plazas privadas para las clases sociales burocráticas, cuyas áreas verdes solo era propiedad de reyes y señores feudales.

Lo bueno de hoy en día es que esas áreas verdes están a disposición de todas las personas, en espacios públicos como parques, jardines, según la imposición biológica, naciente de la necesidad de la pareja humana, para estar en contacto con la naturaleza, con un alto potencial bioético, que permite mejorar la calidad de vida de aquel medio ambiente urbano, permitiendo una conectividad de flora, avifauna, mamíferos etc.

Se podría decir que el municipio de la Ceja Antioquia, y otros municipios aledaños, no son ajenos a los avances acelerados, en cuanto al desarrollo de tecnologias y urbanístico se refiere, quizá para ello, se debe hacer hincapié que los parques que hoy poseen los cejeños, y demás municipios, no se deben eliminar ante ninguna ley, ni ante ningún poder de mandatario de turno que llegue a regir los destinos de los municipios; ya que el verdor, esplendor y frescura de sus parques lineales, son un encanto de poesía, amor, paz y libertad, que evocan sentimientos, emociones, vividas en el pasado y en el presente; permitiendo a los ciudadanos citadinos o forasteros, cuando están dentro de éstos espacios, la interacción, la corresponsabilidad, mediante la protección, de las quebradas, disfrute visual y recreacional, como verdaderos y comprometidos usuarios en defensa de éstos espacios públicos.

El perfecto equilibrio al ser entendido como: Ningún ser vivo prevalece sobre los otros; sino que conviven en armonía, conlleva que los animales herbívoros, carnívoros, insectos, hongos, bacterias; ocupen su espacio y cumplan su papel formando así, una red alimenticia. Es muy primordial que los cejeños estén atentos, ante aquellos mandatarios de turno que lleguen al poder con ideas robotizadas de querer cambiar e implementar extensiones de gramados sintéticos e inertes, que lo único que producen es estupor, asfixia, contaminación, como sucedió en algunas ciudades de nuestro amado país del sagrado corazón de Jesús, que por el auge de la modernidad impusieron esas indebidas extensiones de gramado inerte, para supuestamente, reducir la nómina de los empleados, y disminuir los costos del mantenimiento que producían las extensiones de los gramados ciento por ciento naturales, que engalanaban los hermosos parques lineales, logrando la extinción de los mismos, para luego en un abrir y cerrar de ojos convertir esos espacios de gramales naturales que extinguieron, con edificaciones asemejadas, como las torres de Babel.

La hermosa señora cejeña con sus amplias y verdes extensiones en sus parques lineales, ciento por ciento naturales, la hacen ver bien atractiva, coquetona, en donde poco a poco se va semejándose a la usanza de los parques europeos de Valencia y Carcasona; perfilándose también como otras de las hermosas ciudades de los parques de Latinoamérica. No hay que olvidar que la alteración que se haga, al orden natural de todo lo creado, la misma naturaleza nos pasará el cobro de una gran factura.

 

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